El ‘servicio trans’ del establecimiento representa un avance en el cumplimiento de derechos.
Por Juan Carlos Antón
"Hoy me llegó al servicio el caso de una adolescente de 16 años a la que la escupieron durante todo un día porque no quería estar junto con los varones. Cuando fue a quejarse a las autoridades, le dijeron: ‘Mirá, si vos no reaccionás tanto, capaz que la pasás mejor’", cuenta, todavía conmovido, Adrián Helien, psiquiatra y sexólogo, y también coordinador del Servicio Integral de Atención a Travestis, Transexuales, Transgéneros e Intersexuales, o directamente “Servicio Trans” del Hospital de Agudos “Carlos Durand”. Es el único en el país, integral y gratuito, y nació hace seis años fruto de un convenio entre la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y la Dirección de Urología del centro de salud. Los integrantes del servicio apenas logran atender la gran demanda de pacientes que consultan cada mes. De hecho, se realizan sólo doce operaciones por año.
El caso de la adolescente que nació con un cuerpo de hombre pero se siente mujer es uno de los casi cincuenta que Helien atiende cada mes. Contra lo que supone el prejuicio, la transexualidad no es una patología: es un desacuerdo entre el sexo biológico y psicológico, entre el sexo con el que se nace y el que se siente como propio. Transgénero, además, no implica ninguna forma específica de orientación sexual. Las personas transgénero pueden identificarse como heterosexuales, homosexuales, bisexuales, pansexuales o asexuales.
La definición se escribe fácil pero la vida cotidiana no es tan fácil cuando el documento de identidad no coincide con la apariencia física y la persona quiere estudiar, trabajar, ir a un gimnasio, internarse en un hospital. Para quienes concurren al servicio trans del Durand, la solución a sus problemas cotidianos suele pasar por operarse y así “adaptar” el cuerpo biológico a la percepción mental que tienen de sí mismos. Helien explica que “la transexualidad se define por la percepción íntima y profunda que cada persona percibe en su cerebro sobre si es varón o mujer. Para que se entienda: son personas que nacieron con el cuerpo equivocado porque sus mentes les dice otra cosa”.
Pero acceder a una operación de reasignación genital presenta dificultades legales y económicas. En primer lugar, la ley 17.732 de Ejercicio de la Medicina prohíbe “realizar intervenciones que modifiquen el sexo de una persona”. La única forma legal de que un médico haga la operación es con autorización judicial.
Obtener la orden de un juez también es espinoso: el interesado debe presentar a la Justicia un informe médico y un psicodiagnóstico. Una obligatoriedad que va a contramano del derecho de cada persona a definir el propio proyecto de vida autónomamente y sin la intervención del Estado.
Sin embargo, aunque los interesados cumplan con estos requisitos, muchas veces los jueces se oponen al cambio de identidad sin más argumento que sus propios prejuicios (ver recuadro).
“Claramente la persona transexual no es enferma ni está loca. Puede tener problemas de salud como cualquiera pero no hay una psicosis. La situación puede volverse tremenda porque la sociedad de alguna manera castiga a quienes no entran en las etiquetas genéricas tradicionales”, explica Helien. El especialista advierte que no se trata de victimizar a los transexuales sino de encontrar una salida: “Educar a la gente es importante. Educar en la diversidad y no estigmatizar. De eso se trata”, subraya.
Una vez que el juez autoriza la adecuación, todo el proceso posterior es supervisado por el Servicio Trans del Durand. Además de la entrevista con el doctor Helien, todo paciente pasa por un psicodiagnóstico efectuado por Valeria Paván, coordinadora del área de Salud de la CHA.
Paván habla de “las chicas” para referirse a las personas que se atienden en el servicio y afirma que se hace imprescindible una ley de identidad de género que libere a las personas diferentes de los obstáculos legales.
La ley de identidad actual es una de las tantas sancionadas durante las dictaduras que siguen vigentes. Se trata de la ley Nº 18.248, denominada Ley de Nombre, dictada por decreto del presidente de facto Juan Carlos Onganía en junio de 1969. En su artículo 15, establece que el nombre y el apellido de una persona, una vez asentados en la partida de nacimiento, sólo pueden ser cambiados por orden judicial. Por eso las personas trans están obligadas a recurrir a la Justicia para que el Registro Civil modifique el nombre en su documento, para lograr el reconocimiento estatal de su identidad.
Estos procesos judiciales suelen demandar muchos años. Si bien los fallos a la larga suelen ser favorables, el resultado siempre depende del criterio del juez. La CHA presentó un proyecto de ley -hay varios más que esperan ser debatidos en el Congreso de la Nación- que determina que las personas que quieren hacerse una reasignación de sexo no necesitan autorización de la Justicia.
La demanda es despatologizar lo que no es patología y desjudicializar una decisión que debería ser individual. ¿Qué significa eso, concretamente? Que con un mero trámite administrativo ante el Registro Nacional de las Personas se podría registrar el sexo y el cambio de nombre en relación con la elección de género. Se acabaría así con las evaluaciones médicas y psiquiátricas y con la exigencia de pasar por el quirófano. Fundamentalmente, se dejaría de considerar a las identidades trans como patologías que hay que curar, como enfermedades. Y la identidad de las personas involucradas dejaría de depender del resultado de demandas judiciales.
“Ahora los que decimos y decidimos somos los psicólogos, los fiscales y los jueces. Todos hablan, menos la persona directamente interesada. En el campo profesional hay mucho desconocimiento y todavía nos manejamos como una cuestión natural, como si el sexo que se tiene al nacer, determinara el futuro rol de la persona. Muchas veces esto no es así. De hecho, la identidad de género no tiene nada de biológica. Con la aprobación de ley, el camino para la gente trans se allanará”, concluye Paván.
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Sobre el autor

Dr. Adrián Helien
PerfilMédico especialista en Psiquiatría y Sexóloga Clínica.
Coordinador del Grupo de Atención a Personas Transexuales (GAPET). División Urología del Hospital Durand.
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Etiquetas: Diversidad Sexual
Sobre Sandra Magirena

Médica UBA. Ginecóloga y Sexóloga. Especialista Certificada en Ginecología Infanto Juvenil. Miembro del Equipo de Vulnerabilidad Infanto Juvenil del Hospital Álvarez, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República
Argentina.
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